Miguel Ángel Tornero o el doctor Frankenstein, por Iraida Lombardía

Miguel Ángel Tornero o el doctor Frankenstein, por Iraida Lombardía

“Únicamente la palabra libertad tiene el poder de exaltarme. Me parece justo y bueno mantener indefinidamente este viejo fanatismo humano.”
André Breton, Manifiestos del surrealismo
 

Vista del estudio de Miguel Ángel Tornero en Madrid

 

La obra que Miguel Ángel Tornero ha producido hasta el momento se centra en el collage como forma de representar la vida, en el desarrollo del proceso creativo como forma de entender el acto artístico y en la práctica de la disciplina fotográfica como herramienta de expresión poco disciplinada.
Su herramienta de trabajo, lejos de cualquier complejo y fetichismo, es una pequeña cámara digital compacta, que puede llevar siempre encima y que es similar a la de cualquier amateur. Con este pequeño artefacto low-tech acumula de forma masiva fotografías de su día a día, hasta que dispone de un banco vital de imágenes. Como él mismo afirma, en este periodo de archivo “todo vale potencialmente”, todo es susceptible de ser documentado porque “el acto de fotografiar no es el fín en sí mismo”.

La mayoría de los fotógrafos, persiguen momentos, capturan el tiempo y lo dejan estar. Pero Tornero no colecciona instantes, los almacena para darles una segunda oportunidad y reconstruirlos en forma de collage.

En lo que él mismo define como su primera etapa y con referentes como Gregory Crewdson o Jeff Wall, Tornero realizaba sus fotomontajes de forma digital, situando a diferentes personajes fuera de su entorno, en paisajes nocturnos, con un estilo definido por el uso del flash y con largos títulos que nos invitaban a construir historias.
Como un cuento de buenas noches que no parece que vaya a acabar bien, el resultado era inquietante, centrando su discurso plástico en la narratividad y la extrañeza y su valor estético en la artificialidad.
 
 
La Tierra Prometida, collage digital, impresión lambda sobre dibond (2006)
 
 
En su segunda etapa, abandonó el collage digital para comenzar a recortar, pegar y encintar, en una clase de impulso atávico hacia lo manual. Una forma más visceral y pretendidamente torpe de trabajar, que dejaba a un lado el photoshop y el artificio técnico, pero manteniendo los flashazos como lenguaje fotográfico y el suspense como atmósfera narrativa, acercándonos a un discurso visual más directo y complejo en el que las figuras comenzaban a desaparecer y se descomponían en miembros mutilados y espacios ausentes.

Fantasmas y hombres de hojas compartían su protagonismo con flores y trapos. Títulos más cortos y crípticos nos presentaban composiciones rebeldes que nos sugerían historias menos construidas, más breves y violentas.
 
 
 
Tan familiar, collage, 75x50 cm aprox. (2008)
 
 
Finalmente en su último trabajo, The Random Series – Berliner Trato, Tornero continúa trabajando de forma coherente con su universo visual, pero evitando recurrir a fórmulas preexistentes, radicalizando su discurso e investigando la irracionalidad como elemento creativo. Una vez más ha acumulado un vasto número de imágenes de su vida diaria, que en este caso se circunscriben a su estancia en Berlín, lo que hace que el proyecto tenga una entidad temática a modo de libro de viaje. En este sentido, como afirmó Baudelaire (1):
 
(...) los verdaderos viajeros sólo parten
por partir; corazones livianos, como globos,
jamás escapan de su fatalidad,
y, sin saber por qué, siempre dicen: ¡Vamos!
 
Y claramente Tornero, en este proyecto, como un funámbulo que se pasea descalzo por un cable y sin red, grita: ¡Vamos!, sin querer saber hacia dónde va pero estando muy seguro de ello. Porque al igual que el poeta francés, el viaje, para él, no es más que una metáfora de la vida, y no una Odisea que sólo conduce al retorno.
 
 
 
Sin título, The Random Series – Berliner Trato, collage digital (2010)
 
 
Tornero viaja con un billete de ida, sin un itinerario preestablecido, sin miedo a las cancelaciones de última hora, al error o al azar. Es más, persigue y retoma estos dos preceptos, surrealistas y dadaístas a la par, y los integra en su proceso creativo en un acto claramente intencionado de búsqueda del abandono, de ansia por la pérdida del control, en un afán por alcanzar el automatismo a través de la tecnología doméstica.

Para ello, en The Random Series – Berliner Trato no ha optado por utilizar un cuidado retoque digital o la tijera y el pegamento a la hora de reconstruir su archivo fotográfico, sino que ha hecho uso de un software de amateurs, que compone imágenes panorámicas, y le ha ofrecido sus recuerdos y vivencias apresados en fotografías con las que técnicamente es imposible construir una vista panorámica, que es la única función para la que ha sido prediseñado este programa. Esto hace que inevitablemente el software enloquezca, que en la mayoría de los casos no pueda ofrecer ninguna composición pero que en otras consiga construir ese lugar donde habita la memoria. De este modo Tornero, por un lado se consigue rebelar ante la homogeneización que por lo general ofrecen este tipo de herramientas, y además delega la decisión a la hora de recortar y pegar, dejando que la máquina, el error y el azar lo hagan por él y compartan la autoría, descomponiendo de algún modo al software y permitiéndole que éste baile y descontrole su cuerpo al son de una melodía arrítmica.
El resultado son collages más pausados y mágicos, de una tensión tranquila, como una noche de verano antes de la tormenta, en la que los personajes finalmente han desaparecido y los flashes van dejando cada vez más luz al día.
 
 
 
Sin título, The Random Series – Berliner Trato, collage digital (2010)
 
 
En ellos Miguel Ángel consigue representar los escenarios del inconsciente con construcciones imposibles cimentadas en fragmentos de la memoria. Al verlos, nos suspenden entre la realidad y el duermevela, en el horizonte de lo consciente, en esa atmósfera extraña y placentera en la que nos sitúa la resaca de un sueño que somos incapaces de recordar al despertar. Como el doctor Frankenstein, Tornero cose sus recuerdos y ha encontrado en lo automático, el error y el azar el rayo eléctrico que insufla vida al monstruo.

The Random Series – Berliner Trato se ha hecho libro y ha tomado forma de partitura en una suite de 30 imágenes, sin pausas ni espacios en blanco. En este caso no hay títulos y el texto se presenta exento en un pequeño libreto. Una experiencia vital honesta y libre que necesita de un lector que pasee por sus páginas para seguir viajando a ningún lugar.
 
Iraida Lombardía
 abril 2011

(1). Versos del poema "El viaje", de Charles Baudelaire. Las flores del mal, 1857.


Iraida Lombardía es artista y docente y realiza propuestas multidisciplinares que abarcan fotografía, vídeo, sonido e instalación. Ha participado en exposiciones colectivas e individuales en Australia, Francia, Corea, Turquía, México o Berlín, en espacios como el CCB de Barcelona, la Biblioteca Nacional de Madrid, el Museo de Historia Natural de Lisboa o el Centro de Arte Joven de la Comunidad de Madrid. Su trabajo ha sido galardonado y seleccionado en diversas convocatorias como Jóvenes Creadores del Ayuntamiento de Madrid o el Festival de Cine de Gijón.

ISBN: 978-3-941230-06-4
Primera edición, Künstlerhaus Bethanien GmbH (edición de 500)
Rústica
16 páginas (32 láminas) + libreto con textos de 8 páginas
31 x 23,5 cm. libro / 24 x 18 cm. libreto